Alex Droppelmann Petrinovic

Psicoanalista – Psicólogo Clínico

“La textura de la mortaja, un caso de duelo”

“ …o acaso estaba el dejar de vivir todavía lejos de estar muerto?»

( Rilke )

La presentación de este caso clínico quiere dar cuenta de un particular modo de tejer un discurso que como efecto del análisis y por ello del Icc del paciente, va generando un sinthome que muchas veces les permite instrumentalizar, un modo de tramitar y elaborar, a partir de un texto (textura) sus problemáticas internas.

A veces es la escritura de los cuentos contados como en este caso, otras las epístolas o cartas como un caso de fobia que presentara hace unos años en este mismo congreso.

Las mismas construcciones en análisis de Freud creo van en la misma dirección.

Intermediaciones, escansiones tramitadas en texturas.

Aquí este análisis se ha jugado en contar cuentos.

Contar cuentos para contar.

Jaime perdió a su madre el 13 de enero de 2013, ella muere de cáncer. El primer año la llora y la extraña como era de esperarse  ocurriera. Pasa un año en que Jaime, al decir de él, vive la muerte de la madre como espectador. Como algo que había ocurrido más allá de él. Así congelada la escena de la madre muerta y la del hijo ante esa muerte pasa todo el año 2014. Sólo el 2015, quizás ya el último semestre del 2014 Jaime pertérrito, ante la imposibilidad de hacer el duelo frente a esta escena muda y congelada…empieza a perder.

Estudiante de arquitectura de último año empieza a perder ramos, a dejar caer otros por inasistencias y falta de motivación para emprenderlos.

¿Depresión por la muerte de su madre o melancolía frente a la ausencia del objeto?

Acude a la consulta después del segundo aniversario porque es incapaz de seguir en la carrera. No logra nada, se le acabaron las ideas, las propuestas y decide congelar.

Yo le digo que quizás si congela la carrera por ausencia de creatividad y de ideas probablemente descongele la escena sin tramitar del duelo por la madre y le ponga palabras al Real de la muerte Simbolizando de este modo una historia posible.

Más adelante en el análisis  diremos que quizás el detenerse en la Universidad le permita avanzar en esa escena de duelo detenido.

Diremos es posible, es hora quizás de descorrer la mortaja del cuerpo para cubrir la muerte de su madre en la textura de un discurso y darle lugar al cuerpo hablado.

Jaime hace los trámites para congelar el semestre en la Universidad y sigue adelante con su análisis.

Me dice que quiere enfrentar este duelo imposible de la muerte de su madre.

Me cuenta la historia de él con su madre, de su niñez, de la enfermedad, de los tiempos de él mientras ella enferma y empeora.

La creatividad propia de su carrera es un talento que Jaime puede administrar.

Así, después de contar en las sesiones decide entrar a un taller de cuenta cuentos.

Contar para contar le digo.

De ese modo en el taller elige un cuento a ser contado en un colegio. El mismo donde su madre fue profesora durante muchos años.

El colegio que ella amó al decir de Jaime.

El cuento que elige es el de Frederick.

Es un cuento de una familia…de ratones.

Los ratones trabajan todos afanosos recolectando comida para un invierno que se avecina crudo y al cual quieren hacer frente  alimentados y sin hambre.

Todos trabajan menos Frederick quién lo hace de otro modo, recogiendo los rayos del sol y los colores de las cosas para tenerlas cuando ellas falten.

Un día le reprochan que estaba dormido y no trabajaba.

Él replica: “No, no estaba durmiendo. Junto las palabras, porque el invierno es tan largo y aburrido que podemos necesitar de ellas.”

Pasado el tiempo y adentrado el invierno los ratoncitos terminan consumiendo sus últimas provisiones y al ver que se habían quedado sin nada miran hacia Frederick y le piden les dé el sol, los colores y las palabras que él había juntado.

Frederick les pidió cerraran los ojos para de ese modo sólo escuchar las palabras.

Frederick les contó de los rayos del sol, les contó de las praderas con flores, les contó de los colores del cielo y al finalizar abrieron los ojos.

Todos le aplaudieron y le dijeron: ¡Frederick , tu eres un poeta.¡

“Frederick, tímidamente hizo una reverencia y dijo: Ya lo sé.”

Le digo a Jaime que quizás esa sea la frase que habría de escuchar de él. Se ríe y esta vez calla.

Este cuento que Jaime cuenta lo hace en una sala del Colegio frente a unos niños que lo escuchan embelesados pero singularmente lo hace en una sala del Colegio dedicada a su madre.

El auditorio que lleva el nombre de su madre.

Jaime no lo sabía esto de contar el cuento en el lugar donde el nombre de su madre lo signaba. Su madre estaba allí me dice después, lo estaba en la inscripción simbólica de su nombre. Estaba allí representada.

La mortaja que cubre al cuerpo en lo Real estaba mutando en una nueva textura significante cubriendo ahora el cuerpo simbólico de su madre.

El cuerpo de una madre presente al decir de Jaime, una madre no olvidada, representada allí en la nominación de un espacio que acoge el cuento de Jaime.

El análisis de Jaime va entretejiendo tramas de diversas texturas.

Pone palabras con su hermano, o cruza al decir de él palabras relativas a la enfermedad de su madre, su muerte y a la significación del duelo en lo que ha sido para ambos.

La madre es recordada en un evento familiar de una manera alegre que le hace pensar y reconocer que si ello es posible por su padre y familiares, puede ser posible para él también.

Movilizado por la trama significante Jaime teje sus propios velos, leves e inconsistentes, que lo hacen estar en la vida y erotizar a la muerte.

Inscribe de este modo en la lápida imaginaria de la tumba de la madre, un epitafio que desliza esa “pequeña laminilla libidinal” que rescata a la madre del Real de la muerte por el advenimiento de lo Simbólico.

Viene sin faltar a la consulta  a contar recuerdos, experiencias, penas y también dolor.

Aquí todo cuenta le digo.

Que quizás debe creativamente armar el cuento de su propia historia con su madre.

Que cuente todo, que no se tiene que guardar nada. Aunque lo contado srá en cierto modo siempre cifra-miento.

Es el tiempo de recordar y así comprender.

En el contar cuentos elaborar, para así rectificar subjetivamente.

Son los tiempos del análisis.

Es tiempo de contar su historia, contar cuentos para contar como sujeto ante la muerte de su madre sosteniendo la función de no olvidarla.

Repentinamente un suceso inesperado en la vida de Jaime lo enfrenta nuevamente a la muerte. Un amigo de la infancia, de barrio, muy cercano, fallece en un accidente producto de una avalancha de nieve en la montaña.

Este se sale de las pistas autorizadas y es arrollado  producto del desprendimiento de una gran masa de nieve que lo sepulta.

Rescatado después de unas horas con toda la asistencia requerida, muere en un helicóptero camino al hospital por hipotermia.

Jaime concurre a los funerales de su amigo y no se congela.

Puede ir más allá de este cuerpo congelado y se permite decir unas palabras en el sepelio.

Así puede decir al referirse a este amigo de la infancia: “La primera infancia es fugaz en cuanto conocemos el significado de la pérdida”.

La muerte de su amigo coincide con la celebración del día del niño.

Niño, infancia, amistad primera, son significantes que se deslizan en su discurso.

Jaime dice en relación a la muerte que es el primer movimiento de un santo decir.

Diríamos es enhebrar los hilos de una textura.

De este modo la mortaja que intenta cubrir al cuerpo es tejida con la tela santa de los significantes.

Es la forma que Jaime va aprendiendo para así ganarle a la muerte.

Es capaz de enunciarlo hoy ante la muerte de otro.

Dice: “…un primer movimiento, un santo decir. Sí, hermanos míos (refiriéndose a los amigos del joven fallecido), para el juego del crear se precisa un santo decir: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado el mundo conquista ahora su mundo”.

En el discurso del otro del semejante faltaría agregar que es capaz de sostener los hilos de la textura de una mortaja que cubre un cuerpo hablado, el de un sujeto que en tanto hablado, vive.

Así la textura de la mortaja tejida de significantes tiene la particularidad del velo, por aquello de la palabra, de la naturaleza de su equívoco, de su imposibilidad de cubrir por entero lo Real. Por su condición fallida. Por qué se teje agujereada, se presenta translúcida, por tanto erotiza y de ese modo le gana a la muerte.

Al decir de Bataille, citado en “La agonía de Eros”, por Byung-Chul Han: “Podemos decir del erotismo que es la aprobación de la vida hasta en la muerte”.

Jaime es invitado por el grupo de cuenta cuentos a la capital para una mañana de festival, de contar cuentos al público en el parque aledaño al museo de Bellas Artes.

Cuestión que ocurre con alegría y porque no decirlo con una muy buena acogida por parte el público que transitaba por el lugar.

A la tarde aprovechando el viaje va con su novia y grupo de amigos a ver una obra de teatro donde un personaje se vuelve invisible.

La obra se llama “Un poco invisible”.

La obra se inicia  un día después que fallece la madre de dos hijos.

Hay que decir aquí que Jaime tiene un hermano que ha llevado la muerte de su madre de distinto modo. Quizás más rápidamente.

En la obra el hermano que no puede emitir palabras acerca de la muerte de la madre  en cierto modo va enmudeciendo y se va haciendo invisible.

Mientras más callaba, mientras menos textura se hacía invisible como sujeto.

La obra termina cuando al estar los hermanos en el patio, tanto el visible (el que hablaba sobre la muerte de su madre) como el invisible (el que callaba) son vistos indistintamente por el abuelo que les dice que no hablar de la muerte de la madre o de distintos traumas o dolores lo vuelve a uno invisible.

Jaime relata la resonancia que esta obra tiene con lo vivido en el análisis.

Que contar es  un modo de hablar, que él no es invisible, que cuenta, que cuenta contando…cuentos.

En una de las actividades de este grupo al cual va perteneciendo en propiedad, se les pide a los miembros del grupo que escriban un  cuento corto a relatar en relación a un mito.

Jaime relata como Poseidón un dios muy cascarrabias es expulsado del Olimpo por Zeus y cae al Mar.

Esto producto del error de haber tirado heces de caballo a Hestia, su hermana.

Lo interesante aquí de recoger es esto de ir a otro lugar como en cierto modo lo es la muerte en relación a la vida.

Cuenta Jaime: “Poseidón cayo de cara, pero no le dolía, sus movimientos eran todos más suaves y los animales muy distintos a los que él conocía”.

Con Jaime hablamos de esos dos lugares de materialidades tan distintos. Que la muerte en esto de ser fosa, de cubrir se asemeja al mar.

Al modo de los náufragos que son tragados por el mar y quedan allí hundidos.

No obstante en su cuento Poseidón no es tragado por el mar, lo habita en el cuento, en el mito que de esto se teje.

Así Jaime pone sus propias palabras a esto de ser arrojado hacia el mar o (arrojado hacia la muerte).

Así las lee Jaime. “Poseidón había caído al Mar, y este mundo nuevo le producía inmensa paz, era como estar abrazado por agua todo el tiempo…”

Reímos y me dice: “quizás otra forma de mortaja”.

Yo le digo nombrar al agua como mortaja es algo que dices tú.

Pasado un tiempo Jaime me comunica un día la alegre noticia de haber sido nombrado miembro estable del Staff de Cuenta Cuentos.

Esto es un logro ya que él es nuevo y no ha pasado por muchos de los estadios de formación para que ello ocurra.

Es casi una excepción.

Ahora el seguirá contando cuentos en distintas modalidades, a un público abierto como puede ser en una sala o espacios públicos , en parques o plazas, o en la intimidad de contarlo uno a uno bajo la intimidad cubierta de un paraguas o sombrilla o  quizás al modo de un susurro en el oído de quien lo escucha.

Jaime apeló a la creatividad congelada para descongelar una palabra enmudecida por la muerte de su madre.

Se hizo de este modo un Cuenta Cuentos.

Construyó de este modo paso a paso en el análisis la historia de la vida y muerte con su madre hasta que desde esa historia pudo tejer la trama de una mortaja de textura significante.

Le dio y le ha de seguir dando a ese cuento un lugar en su vida donde la madre ha de ser más que un cuerpo, una madre que en el ejercicio de contarla, también contará más allá de su ausencia.

Cuento que repetirá una y otra vez para de ese modo no olvidarla.

Jaime relata que en el verano él quiere hacer algo singular. Se refiere al período de sus vacaciones universitarias que el pretende no volver a congelar.

Él quiere crear un personaje con un atavío o vestimenta, para acompañado de una sombrilla y otros adminículos  viajar o desplazarse por su ciudad, por sus playas, sus parques y plazas. Para transitar estos lugares contando cuentos a la gente y recibir a cambio algunas donaciones que le permitan no interrumpir el viaje.

Recuperar le digo lo donado por la madre.

Así de madre muerta, tendremos ahora madre de la donación y al igual como ella lo hacía tiernamente a sus alumnos, irá Jaime contando cuentos plagados de ingenuidad y de ternura para que de este modo cuenten todos: él y su madre que cubierta de otra textura hace de su mortaja vida.

¿Será el análisis un cuento?

¿Un cuento donde contar cuenta?

¿Un cuento donde se construye la textura de una mortaja indeleble con las tramas del Icc, mortaja que teje un sujeto respecto a lo que le concierne?

Un cuento de vida y muerte para no devenir invisible.

Al menos algo de esto algunos dicen y otros a veces cuentan.

Colorín y colorado este cuento aún no ha acabado.

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Esta entrada fue publicada en 3 noviembre, 2015 por .
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