Alex Droppelmann Petrinovic

Psicoanalista – Psicólogo Clínico

La insoportable opacidad del ser

Epígrafe: “fotografiamos cosas para ahuyentarlas del espíritu. Mis historias son una forma de cerrar los ojos” Franz Kafka.

 A la pregunta acerca de si sigue vigente el psicoanálisis en una sociedad dominada por la positividad, por el exceso, por un culto atiborrante de la imagen que hace del ver un acto pornográfico, es posible pensar que el psicoanálisis por momentos en este espacio de ausencia de límites, al igual que lo que ocurre con Eros según Byung-Chul Han, filósofo coreano-alemán, el inconsciente y con ello su práctica agoniza.

Tal vez contrario a lo que el mundo nos propone en vez de abrir los ojos a esta realidad habría que cerrar los ojos en un intento de recobrar esa hebra de erotismo que permita permanecer en una agonía que por su condición salvaguarde la opacidad necesaria y consustancial a su existencia.

Al fin y al cabo erotizarse no es sino cerrar los ojos ante una mujer.

¿Será por ello que las citas son siempre a media luz? En cierto modo son veladas.

Quizás sea el tiempo de escribir consignas como más strip-tease y menos pornografía.

La positividad que el mundo propone en esto de tener todo sobre la mesa nos conduce a lo prosaico, a lo grotesco, a una falta de urbanidad. Ya que lo urbano es precisamente aquello que tiene límites, umbrales, callejones, pasadizos y entretuertos de esquinas y cruces.

Hay turistas que en el afán de verlo todo no ven nada finalmente. Paris tiene el encanto de lo velado, de  algo por descubrir. El encanto de los franceses radica en eso, el  strip-tease, en las salsas al decir de Barthet, es las extensiones y las perspectivas acotadas a la medida, por ello le viene quizás bien el psicoanálisis.

Tener todo sobre la mesa es una impudicia producto de la positividad.

En Valparaíso el antiguo hospital psiquiátrico obedecía a esos hospitales católicos diseñados para el bien morir. Tenían un gran pasillo y a la derecha las piezas de las mujeres con una cantidad de camas posible de atender con dos monjas y sus ayudantes.(Preludio de las unidades de enfermería). Al frente las piezas de los hombres. Al fondo de cada pieza una escultura de la virgen de un tamaño mediano. El edificio obedecía a esta estructura pero pertenecía al sistema hospitalario actual. Los enfermeros y personal médico se instalaban en el pasillo para evitar embrollos. De pronto se escapa una de las enfermas con erotomanía y se abalanza a la pieza de los hombres levantando su camisón y mostrando la hendidura abierta de su vagina.

Al decir del positivismo: Tal cual.

El horror que ello provocó en esos hombres internados, en los enfermeros y el resto, fue muy evidente.

Pero es común en la clínica e incluso en eventos sociales encontrarnos con personas que se refieren que para ellos el pan es el pan y el vino es vino.

Una manera bizarra de eliminar la posibilidad de todo rito, de todo ceremonial que permita la demora. Para estos sujetos la eucaristía resulta imposible de ser verificable. De hecho la eucaristía es uno de los misterios de la iglesia.

En cierto modo ese acto, el de la eucaristía, es también consustancialmente erótico ya que existe la atopía, el otro encarnado en la figura de Dios.

La positividad está ausente de enigmas o porque los resuelve o los elimina como lastre. Pero no puede hacer ello con los misterios. El inconsciente en algún punto con esto del ombligo del sueño, con lo primario, con la roca de la castración alude a que soporta los misterios. Eso que está allí imposible de ser develado. Por ello el psicoanálisis no es enigmático. Más bien misterioso. Francisco Varela científico chileno que trabajó en Francia, mostraba en un congreso internacional de psiquiatría en mi país la prueba dura y científica, positivisada, que el cerebro funciona y opera en red. Incluso establecía unas secuencias de respuesta que respondían a ciertos logaritmos. De pronto dice que, no obstante, a veces el cerebro generaba unas respuestas inesperadas, paradojales, en otro lugar que el previsto. Un lugar im-previsto, de respuestas atópicas. Él dice que para él eso era un misterio.

Yo pregunté y le dije que se parecía al inconsciente. Él se sonrió y me dijo: bueno Ud. Debe ser psicoanalista, yo soy científico pero muchas veces he pensado lo mismo que Ud.

Me sorprendió su respuesta. Más tarde descubrí que practicaba el budismo y era amigo del Dalai Lama.

La cuestión de la vigencia del psicoanálisis  no se juega en aceptar o no aceptar los avances de la ciencia como tampoco en las formas clínicas que se adoptan respecto a una misma lógica. De seguro la operación no ha de ser la misma en las distintas estructuras. Las formas de encarar esa lógica y sus operaciones habrán de inventarse casuísticamente pero la lógica del inconsciente a la base habrá de ser la misma.

Lo importante es confrontar el mundo positivista que la ciencia propone con la negatividad que el Eros propone rescatando de este modo la alteridad, lo atópico que permite pensar y operar en una lógica distinta.

Hay que hendir el tiempo del positivismo como el de la mera vida con la vida buena.

Salir  del agotamiento recursivo que se nos propone ante la falta de positividad que retorna del inconsciente.

Hay que enamorarse eróticamente de la muerte para de ese modo concluir en la eternidad de la  lógica sin tiempo del inconsciente.

“Podemos decir del erotismo que es la aprobación de la vida hasta en la muerte “. Bataille.

El esclavo se aferra a la mera vida permanece en sí mismo dentro de la muerte.

El que después será amo no teme a la muerte según Hegel.

El psicoanálisis es más necesario que nunca como una propuesta de salida al narcisismo positivista que la información, la vista demasiado explícita, El todo develado que nos propone el tiempo de hoy. El psicoanálisis es una buena propuesta de cura a los tiempos, entre otras razones por la atopía que propone, por la otredad porque queda fuera de las oscilaciones temporales y en definitiva porque propone la lógica del erotismo que debate brillantemente en el libro “La agonía del Eros”, Byung-Chul Han.

El psicoanálisis se ha de servir de Eros, valga la redundancia: Eróticamente.

Hoy más que ayer y sólo por las condiciones que los tiempos proponen habrá que reponer el deseo de nuestros pacientes devolviéndoles la propuesta de vivir en el mundo eróticamente.

Habitar el mundo en la propuesta de un peregrinaje, en la demora, en las cadencias que el lenguaje propone y, descubre e inventa en una cada vez a posteriori de su enunciado.

Desplazar la propuesta de lo heterotópico a lo atópico.

Al analista le cabe dar cuenta en la clínica, en la cura de una práctica que hoy día más que nunca precisa cerrar los ojos. Escuchar eróticamente el discurso atópico del otro. Sostener el discurso de la alteridad y con ello dar cuenta que porque muere el psicoanálisis nos habita y en ello vive eróticamente.

La psicosomática es la sintomatología por excelencia de esta dialéctica de positivismo y negatividad.

Proponemos a continuación tres formas  de casos de psicosomática, de su presentación y tratamiento.

En esto de positivar al síntoma negando en ello su consustancial  opacidad, testimonio irrefutable de lo no sabido (unbewusst) que remite al Inconsciente, podemos distinguir tres modos de inscripción del síntoma en el cuerpo. Tres formas de inscribir psicosomáticamente el síntoma, de positivar en el cuerpo aquello que habría de deslizarse en el discurso.

Tres formas de presentación clínica que aluden en cierto modo a distintas formas de estructura, no obstante la dirección de la cura no dejará de estar sustentada en la apuesta por el discurso y la erotizada y opaca condición de la lengua.

Es decir, una apuesta clínica sustentada en esto que el inconsciente está estructurado como un lenguaje.

De este modo podemos distinguir  las con-versiones asociadas más claramente a las neurosis donde la metáfora de lo conversivo habla casi a un nivel pre-consciente. Aquí prima aún el significante por sobre la fisiología. S/F

Una segunda forma estaría más ligada a manifestaciones somáticas ligadas a manifestaciones más difusos donde lo fisiológico se impone sobre el significanteF/S. Finalmente nos encontramos con el daño de órgano , más propio de una estructura psicótica donde hay forclusión del significante y una primacía del órgano por sobre la palabra. Cuestión que podríamos significar de este modo  (-)/F.

En los tres casos mencionados podríamos hacer una referencia a los registros de  lo simbólico S, imaginario I y real R.

Intentaré dar cuenta en tres breves viñetas estas tres formas descritas entendiendo que la cuestión clínica en cada uno de ellos no es sino restaurar la condición erótica del significante, es decir reponer la necesaria diferencia de la otredad, lo distinto, lo atópico.

Quizás en un punto devolver a la palabra la fuerza erótica de la seducción.

Quizás mientras más difusa la metáfora, más necesario será sostener la transferencia erótica (que no erotizada) de modo que la palabra retorne a los velos de su eroticidad más inherente y profunda.

Daniela concurre a la consulta derivada por un oftalmólogo que determina que la súbita ceguera que padece no responde a correlato orgánico ninguno. Llega acompañada de una amiga que no oculta el goce de encarnar el papel de abnegado lazarillo.

A solas en mi consulta le pregunto que deja de ver cuando enceguece.

No tarda en contar una historia donde refiere que hace un mes había llegado una prima de Brasil a visitarla a la cual no conocía y que era tremendamente atractiva, guapa y seductora.

Una noche estando con su novio y la prima que la visita decide ir a comprar unas pizzas. El novio y la prima se quedan en su departamento. Al volver ve lo que la ceguera intenta acallar. Sorprende a su novio haciendo el amor con su prima. Dos días después tras sentir un tremendo dolor y escozor en los ojos pierde completamente la visión.

Le digo que ver aquella escena debe haber sido para ella algo muy doloroso.

Me mira, me ve y llora.

Las sesiones siguientes fueron de hablar de ello, de la traición, del dolor, de la injuria a su autoestima, del duelo, de la pérdida.

Perder sin perder la vista.

Recuperar la opacidad de la mirada frente a la positividad de la ceguera.

Que ahora ve las cosas a medias no deja de ser una forma quizás más necesariamente opaca de que pasa del ver a la eroticidad de la mirada.

Zoraya en un viaje que realiza  después de un tiempo de análisis donde ella logra restaurar algo del orden de la femineidad, la seducción y la eroticidad  que había perdido producto de un fracaso amoroso conoce en el barco a un extranjero de origen austriaco.

De este encuentro surge un romance con venidas del austriaco a Chile y viajes de ella para reencontrarse en algún país cercano. Al poco andar por condiciones de la estructura el amante, un obsesivo contumaz, refiere que por la culpa que le produce estar casado no quiere proseguir.

Después de muchos encuentros e intentos de restaurar esta relación Zoraya refiere no poder terminar una relación que ella sabe no ha de prosperar y la cual mantiene sólo a nivel epistolar.

Atrapada en tenerlo y no tenerlo desarrolla una urticaria pertinaz, intensa, agobiante que se agudiza e intensifica por las noches.

El austriaco se llama Urs.

Le realizan innumerables exámenes que le permiten sostener un cierto saber y no saber acerca de su enfermedad. Esta indeterminación de la causalidad le permite perpetuar en una particular forma de hipocondría a una amante que sin estar le mantiene viva una esperanza.

Consiente que esto puede ser una somatización yo le digo que ella lo que tiene es una URSticaria.

Zoraya toma la traza metafórica de su enfermedad pero la dificultad del duelo no le permite librarse del recurso de tenerlo y no tenerlo simultáneamente. Producto del intercambio epistolar de mails donde se deslizan y expresan innumerables promesas de amor zoraya se debate y alimenta la esperanza.

Incapaz de servirse de la metáfora le propongo una solución de compromiso.

Que tome el intercambio epistolar como un modo de sostener una forma de amor cortés. Un amor a no verificarse pero que puede mantener la eroticidad que la palabra permite.

Ella dice que es una forma de hacer un duelo posible.

Yo le digo que es una forma de velatorio. Hablamos largamente de los ritos de pasaje, de los velatorios, del velo, de cómo ello permite sostener la eroticidad al modo como Lacan menciona esa sutil laminilla libidinal que sostienen las lápidas de los difuntos.

Un velorio ya que una muerte no le es posible. Velado entre dos positividades, la de la vida y la de la muerte quizás pueda de momento estirar el tiempo manteniendo una traza de eroticidad que le permita montar sus propias pompas fúnebres donde disfrazar el horror de lo real de la perdida.

Espacio epistolar del amor cortés que vele y en la vertiente mágica de la poesía y el verbo sublime el dolor de la pérdida.

Generar quizás una metonimia significante que le permita pasar de la URSticaria  perdiendo una letra del nombre del amante y pasar a URticaria donde UR remite en el alemán a lo arcaico, al pasado, a lo ya transcurrido.

Quizás lo que resiste el significante la letra lo procure.

Zoraya se encuentra aún en exámenes, Tiene temor que la URSticaria pueda ser LupUS.

Le digo que habrá de disputar letra a letra  que le permita perder un amante y ganar la traza de una opacidad necesaria. Sostenerse con afán y deseo de la filigrana feble de la eroticidad del velo le permita quizás recuperar la eroticidad que la lengua conlleva.

¿Podrá de ese modo Zoraya tener un amante en la erótica ausencia de olvido? ¿Algo así como amarlo memorablemente?

Mayra el caso más complejo por el daño de órgano asociado a la somatización y el peligro evidente incluso de muerte que conlleva  es una chica de 23 años a la cual traté a los 16 por Anorexia la cual remitió en esos tiempos de forma paulatina pero sostenida hasta desaparecer.

Concurre porque los neurólogos no pudiendo establecer con claridad las causas de una encefalitis y a pesar de las internaciones hospitalarias y procedimientos no logran DESINFLAMAR una tumefacción en el temporal derecho, la derivan pensando en que quizás exista algo psicosomático.

Literalmente me dice uno de los neurólogos: Ud. Tiene la palabra.

Al parecer donde no se puede positivar algo como causalidad quizás el inconsciente haga su aporte.

Mayra tiene dificultades de tonicidad en la pierna izquierda, problemas de memoria anterógrada y una pérdida del control de impulso lo que ella señala como cambios de personalidad.

Actualmente está con un tratamiento de inmunosupresores lo que la hace concurrir y transitar con mascarilla. En la consulta me dice: aquí me puedo sacar la mascarilla, cuestión que finalmente le permite hablar.

Me relata con detalles las fechas de inicio del problema, las sucesivas internaciones, las escasas remisiones parciales, en fin.

Trae un archivador con todo el historial, plagado de exámenes e imágenes de todo tipo que intentan en distintos momentos de su enfermedad positivarla. Al parecer este voluminoso expediente no explica la inflamación de Mayra. ¿Qué encriptará tal significante? Mayra me relata que su enfermedad coincide con la internación de la madre por consumo de alcohol, drogas y por sobre todo una ludopatía contumaz. Me dice y relata lo de una inversión de roles, que ella nunca ha tenido madre. Que al momento de la internación de la madre ella es como si se hubiese echo humo. Que quedo sola y a cargo de su madre. Yo le digo que quizás se tuvo que internar ella con esta INFLAMACION en el cerebro para que la madre apareciera. De hecho es así. La madre mejora, se cura e inicia una relación más próxima y de preocupación con Mayra. Esta me habla del desamparao, de la falta de madre, de la madre excesiva en los tiempos de la anorexia. Al parecer nunca pudo con esto de estar, de la demora. Una madre para los efectos de este trabajo demasiado positivada, sin velos, o demasiado presente o definitivamente ausente. Esto no ha cambiado mucho en los hechos, pero le ratifica a Mayra que algo anda mal, que siempre ha andado mal, como anda mal su enfermedad con esto que algo sigue allí INFLAMADO. Yo le digo INF-AMADO. Como si algo sigue allí infra amado. Algo amado pero muy evanescente, como una flama, como una madre que se hace humo que es muy volátil y evanescente. Mayra toma las asociaciones y me dice: quizás yo deba curarme, retomar mi carrera, recibirme y hacer mi vida. Es quizás lo que yo más quiero.

Mejor que morir, mejor que enfermar peligrosamente ha de ser que lo INFLAMADO ceda para de ese modo vivir con el amor que sea posible, con una madre que ya no dono lo que se le pedía, Mayra pueda emprender una vida posible.

Ella me recuerda que yo atendía un tío suyo por adicción a la cocaína. Que el mejoro frente a la muerte de su padrino quién al morir le pide que deje la droga. Así lo hizo su tío.

Yo le digo que si escribimos otra historia que la de los expedientes médicos nadie habrá de morir para generar un cambio en el otro. Que quizás se trate de un cambio en ella. De los duelos, de las pérdidas sin que nadie esta vez pierda la suya.

Con Mayra estamos teniendo progresos, al final se le atribuye a los inmunosupresores que en esto de positivar la enfermedad le ponen una mascarilla como una mordaza. Yo digo que ella en esto de recobrar la palabra, inscribir otra historia posiblemente ha redescubierto la erotización de la lengua que le permita amar perdidamente. A su novio, a una madre perdida.

Con la enfermedad apareció un padre perdido por años. Aparece poco, a veces viene, aveces llama pero al parecer eso no deja nada INFLAMADO. Gracias por lo poco parece decir Mayra.

Pero al fin y al cabo lo dice. Ella lo dice. Ella dice lo que la INFLAMACIÓN calla.

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Esta entrada fue publicada en 26 agosto, 2015 por .
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